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Rayo Esmeralda Patiño

Celaya Internacional

@RayoEsmeralda
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Celaya Internacional 


MIRADA DE NIÑO


“ERES RESPONSABLE PARA SIEMPRE DE LO QUE HAS DOMESTICADO”

El Zorro en El Principito de Antoine de Sant Exupéry


Hace 77 años se publicó en Estados Unidos un breve cuento que se ha pensado era para niños, pero que finalmente ha terminado siendo una ventana a la sociedad, a las relaciones interpersonales y sobretodo, a la búsqueda interna de quienes somos y qué buscamos, sí, no podría ser otro que, El Principito de Antoine de Sant-Exupéry, quien fue piloto y obviamente escritor.

El libro fue escrito y publicado durante la estancia de Sant-Exupéry en Estados Unidos (1942-1943), cuando tenía tiempo libre se dedicaba a plasmar en un relato algunas experiencias que como piloto había tenido principalmente en el año de 1935 mientras sobrevolaba el Sahara y su avión sufrió una avería,

Así alejado de su familia la cuál se encontraba en la Francia de Vichy, Antoine esperaba la respuesta del gobierno estadounidense para que le declarara la guerra a la Alemania Nazi, la espera no fue en realidad placentera, sus congéneres franceses le rechazaban por creerlo espía del Tercer Reich y los norteamericanos lo encontraban antipático, sobra decir que en su estancia en Estados Unidos no aprendió a hablar inglés y esto le complico la comprensión de todo el ritmo de vida de los neoyorkinos, enfocados principalmente en el consumismo.

Así, con el rechazo de De Gualle y de los Congresistas estadounidenses, Antoine de Sant-Exupéry decidió escribir largas cartas a sus amigos y a sus amantes, en esas cartas dibujaba a un chico rubio, que termino por agregarle primero una bufanda y luego una capa, ese mismo dibujo y varios pensamientos, causaron análisis entre los destinatarios y todos animaron a Antoine a escribir un cuento sobre el pequeñito rubio de cabello alborotado que dibujaba en las cartas, así y con la enorme necesidad de que a través de algún personaje dijera lo que él no se atrevía a decir comenzó la aventura de este pequeño.

Nació entonces, El Principito, el niño rubio que salió de su pequeño planeta B612 a conocer el Universo, a través de este viaje conoció gente que le enseño muchísimo, la importancia de amar a las personas por lo que significan para nosotros, tal como su rosa; que era caprichosa pero que era única porque era de él, encontró a un maravilloso amigo que era el zorro, que le enseñó la enorme importancia de la amistad y de la responsabilidad que significa tener y ser un amigo, a un rey que era demasiado humano pero que tenía necesidad de tener representantes, un empresario con necesidad de comprarlo todo, un astrónomo que era menospreciado por su vestimenta, el alcohólico que se refugiaba en su adicción para no ver la realidad y un farolero obsesionado con un trabajo exhaustivo que no le daba gratificación alguna, y claro, uno de los más conocidos, el piloto que en realidad quería ser pintor pero que se vio obligado a escoger una profesión más sensata.

El Principito, no puede ser un libro infantil, me niego a creer que es solo para los niños, pienso que es un libro que nos ayuda a encontrar y ayudar a sanar al niño que fuimos, a tener una adultez libre de prejuicios, a hacer un análisis de lo que pensamos y sentimos, seguimos llenos de mucho ruido dañino, en las redes sociales, en la televisión, solamente vemos enojo, malas noticias, comentarios de reproche pero no escuchamos soluciones que a la mayoría nos beneficie, sobretodo, que nos ayude a ser mejores personas, porque esta situación va a pasar.

El mundo va a cambiar, el sistema mundial no será jamás el mismo y obviamente nosotros tampoco, en otros países aplauden a los trabajadores sanitarios y a los policías, en México se les señala y se les insulta, ¿es ese el tipo de personas que queremos ser? Leer un libro tan sencillo y profundo como El Principito, quizá nos ayude a ver aquello que es invisible al ojo humano.


08/04/2020

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