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Raúl Mendoza Mandujano

Saber Pensar

@Todocorre
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SABER PENSAR.




¿Qué es la verdad? 

Un ojo nada puede ver.  Alejandro Jodorowsky


Se juzga y opina, entreverando la veracidad de juzgar, tras lo enseñado o por lo que la mayoría acepta (discurso dominante).  Pero la verdad no es acuerdo, repetición, sino un campo semántico abierto, colmado de reverberaciónes que producen sonidos dispares, sendas tendientes a la bifurcación. Lo verdadero no está ante los ojos. Hay toda una genealogía de razonamientos que, antiguos y contemporáneos atisbaron para describir el fenómeno de la verdad. Para los griegos, en específico Platón, había un sesgo distintivo del saber, una partitura, de cuya belleza, nos quedan relatos: El mito de la caverna, explicitación del rencor entre  doxa y episteme. Lo doxográfico, concernía a la opinión pública, el acuerdo, aunque fuera erróneo, de una manera de ser. La episteme, conocimiento arquetípico que fundaba el sentido de las cosas, era de la filosofía y demás ciencias que le acompañaban (en el pasado la filosofía englobaba a todas las ciencias, desde la matemática hasta la biología, debido a que los razonamientos científicos de avanzada, todavía hoy, desarrollaban y desarrollan un sistema de validación de hipótesis-prueba que es filosófico: pensemos en la lógica silogística o simbólica o en el principio de falsabilidad de Karl Popper). Únicamente  en el rasgo epistémico del fenómeno había verdad. ¿Cómo explicarlo? Imaginemos una caverna, donde esclavos, nacidos en cautiverio, fueron atados por grilletes, para que trabajaran y resolviesen su existencia en la gruta. Tras de ellos, una fogata, alimentada por sus captores, que sirvió de guía para los habitantes de ese mundo sombrío, iluminados  gracias a una pequeña luz en el umbral de la entrada, el mundo. Alguien escaparía, tentando el acceso de la caverna y con ella, deslumbramiento del sol. Al principio no pudo ver, hasta que sus ojos se acostumbron a detallar el color de las flores, relieve de las nubes y reflejo de los ríos. Motivado por tal descubrimiento, volvió a la caverna, para explicarles a sus antiguos compañeros, que lo pensado como verdadero, fueron las sombras de ellos mismos proyectadas en el fondo de la cueva. Aquéllos, enardecidos, intentarían matarle.  Platón, con este mito, detalló que el problema o la fragilidad entre doxa y episteme es tal, que el hombre opina de las cosas lo tolerado por la habladuría  o por la convenciencia y su alma gemela: el egoísmo.

Durante la Edad Media, la verdad estuvo al servicio de lo religioso (cristianismo o islamismo), de esa experiencia mística que llevaría al juicio final. Para validarla (nótese la cercanía entre validar y verdad), nació un aparato (órgano), la lógica silogística de coherencia o adecuación proveniente de la escuela peripatética. La verdad fue considerada como adaequatio rei et intellectus (adecuación del intelecto con la cosa). Es decir, se creyó, tal evidencia permanece en algunas zonas del conocimiento hasta nuestros días, que la mente humana y después la razón (modernidad), tenían la habildad de decodificar los secretos íntimos de Dios y posteriormente, la naturaleza.  Esta noción fundó la ciencia moderna y el ideario de que el hombre era un ser superior, cercano al arquitecto que había diseñado el cosmos, porque la praxis de ese aparato que gobernaba la mente (lógica), resultaba útil.  Fue hasta el siglo XIX cuando uno de los llamados maestros de la sospecha, Friedrich Nietzsche, reveló que el conocimiento y la verdad tenían valor sólo para la esfera humana. La razón era un instinto, propio de la especie, que en su infinita arrogancia divinizó, sirviéndole, ante la debilidad natural con respecto a los animales, para sobrevivir. Así lo racional era el choque de instintos de superviencia, condicionado por los sentidos. Pongamos un ejemplo, si existiesen seres, cuya naturaleza fuese una conformación atómica distinta a la nuestra, seríamos incapaces de percibirlos. Ocurre lo mismo con el tiempo y el espacio, que no son más que intuiciones, como Kant lo detalló.

En el siglo XX, la verdad cobró distintas manifestaciones. Con Heidegger fue apertura, posibilidad de un mundo. Su argumento versaba en que el ser-ahí (dicho autor jamás utilizaría, mientras desarrollaba su pensamiento, el término hombre, por considerarlo prejuicio), está nublado por el sesgo de la utilidad, es decir, conoce al ente que sirven-para, lo demás, el fundamento de esos entes, resulta oscurecido.  Sólo a través un estado de ánimo, como la angustia, el tedio y el aburrimiento, podría revelarse el mundo en cuanto a tal, rompiendo el uso, dejándole sin valor alguno. Podríamos meditar que sus observaciones eran idealistas o de un talenta especultativo, quizás no. Imaginemos la ciencia. Todos suponen que yace en los objetos de uso común, smartphones, televisores, GPS, computadores, etcétera. Pero, estas herramientas (extensiones de los sentidos), son tecnología, una práctica muy elemental- científica. Donde nacieron los aparatos de uso común, sería en lugares que para la gran mayoría resultan inútiles: en los viajes espaciales se desarrollaron las resonancias magnéticas, por la guerra, ordenadores, energía atómica y antibióticos.

La verdad es un problema de avanzada o un prejuicio. Jamás obedece a la opinión pública, que en su infinita arrogancia, no toca la pesquisa del saber o su intento.  Hay vicisitudes, cadenas de hechos, de un nivel ético, que llevarían a tal conclusión. Anotemos una historia: durante la Segunda Guerra Mundial, existieron dos Generales de las Wehrmacht (Fuerzas Armadas de la Alemania Nazi), líderes de un par de Campos de concentración. El primero, fanático de la ideología aria, cuando advirtió la ruina de su país, mandó ejecutar a todos los prisioneros. Por la escasez de armas y premura del tiempo, el Ejército Rojo (URSS), llegó antes  y evitó una masacre. El segundo, afiliado por fuerza al Partido Nazi, enemigo de Hitler, subió a los recluidos a vagones de tren, encaminándoles a las líneas aliadas. La Fuerza Aérea de EUA supuso que los vagones eran un intento de avanzada nazi y les destruyeron. ¿Cuál sería el juicio verdadero en ambos casos? La verdad es una construcción, entelequia que buscaría florecer más allá del punto de vista. Fenómenos como la ciencia, la filosofía o el arte e incluso el universo de lo ético, revasarían el marco público, en pesquisa de eso otro: trascendencia del ego (del yo). 


24/08/2018 08:28:50

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