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COLUMNISTAS

Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre.



¿Veterinarios kamikazes?

 

Comienzo con un dato duro, durísimo: según la  Organización Mundial de la Salud (OMS) hay un incremento de suicidios en el mundo. Casi 800.000 personas se suicidan cada año; es la segunda causa de muerte de personas entre los 15 y 29 años de edad. Tanto el suicidio, como su tentativa, son problemas de salud pública, en México y en el mundo entero.

La palabra suicidio proviene del latín moderno suicidium, formada por los vocablos: sui, uno mismo, y cidium, asociado al verbo caedere, que se refiere a privar de la vida. De tal suerte que, se puede decir, el suicidio es la privación de la vida por uno mismo.

Acerca del suicidio se han dicho muchas cosas: que si es el acto de cobardía de un valiente o que si es el acto de valentía de un cobarde; que es la puerta falsa a la salida de los problemas y muchas cosas más. En cualquier caso es el acto de agresión más extremo al atentar contra uno mismo.

El fenómeno no es nuevo, ha acompañado a la humanidad a lo largo de los tiempos, pero actualmente cobra proporciones inusitadas. Emile Durkheim escribió, en el siglo XIX su libro “El suicidio” y se le reconoce el enorme mérito de identificar que ésta conducta no obedecía, estrictamente, solo a motivos personales. Durkheim identificó que él suicidio tenía un importante componente social. A más de 100 años de la publicación de su obra seguimos sin saber, a ciencia cierta, que lo ocasiona; en cualquier caso, nadie puede negar la importancia del factor social en la existencia de tal conducta.

En los últimos tiempos se han realizado investigaciones, tratando de entender al fenómeno y se han hecho descubrimientos tan interesantes como alarmantes. Se ha descubierto, por ejemplo, que la tasa de suicidio en la profesión Veterinaria es casi el doble de las otras profesiones médicas y cuatro veces mayor que la de la población en general.

Se esbozan como posibles causas: estrés, fatiga o depresión por compasión, familiaridad con la eutanasia, entre otras; el caldo de cultivo está listo.

El reconocimiento, la gratitud, el éxito social y económico son sin duda paliativos; pero ¿que hacer frente a la descalificación, las persecusiones y linchamientos en redes sociales de los fanáticos animalistas en contra de los veterinarios?

Como se sabe, los rescatistas compulsivos exigen (no piden) que los veterinarios les den un trato privilegiado, que les fíen, les cobren barato o ya de plano que no les cobren, en consideración a la nobilísima labor que ellos solos se han autoimpuesto, para demostrar lo buenas personas que son, su amor y sus sentimientos hacia los animales. Hay de aquel veterinario que ose cobrar y les restriegan en la cara el juramento hipocrático-veterinario y su altruista labor como rescatistas, la cuál ellos desempeñan de manera gratuita.

En los suicidios se acostumbra dejar una nota póstuma, en la que el suicida sentencia: “No se culpe a nadie de mi muerte” En el caso específico de los veterinarios, cabría la posibilidad de hacer la imputación a la turba mediática, anónima y cobarde, así como a algunos políticos y legisladores que la azuzan, quienes piden que los médicos veterinarios trabajen gratis, so pena de criminalizarlos.

Recientemente en la Ciudad de México una Diputada, de cuyo nombre no quiero acordarme, propuso una iniciativa para modificar la legislación de protección animal del otrora Distrito Federal. La iniciativa se cocinó a modo y en lo oscurito, con el apoyo de grupúsculos animalistas. El resultado: una intentona fuera de lugar, excluyente, plagada de violaciones constitucionales, generadora de conflictos de leyes y sobre regulación, sin mencionar los errores de dedo y las aberraciones que contiene; el exabrupto tiene relevancia ya que de trascender seguramente sería imitado en otras entidades federativas, fieles a esa tradición legislativa, de imitar las leyes que se originan en el centro del país.

Como corolario de su insensible y torpe actuar, cometió un yerro infame al llamar públicamente mercenarios a los veterinarios y acuñó el humillante bodrio gramatical de “vetercenarios”. La diputada debe una disculpa pública al gremio de los Médicos Veterinarios, como pública fue su ofensa.

La diputada ha afirmado en diversas ocasiones, con una lógica simplista, que se debe sancionar a los veterinarios que no hagan bien su trabajo; con esa misma lógica, uno podría solicitar que se sancionara a la diputada por no hacer bien las leyes.

Los animalistas, algunos “famosos de la t.v.” y algunos políticos y legisladores de ocasión, han llegado al despropósito de llamarse a ellos mismos, “defensores de los animales”. No señoras y señores, se equivocan; los únicos garantes de los animales, los únicos protectores y defensores de los animales se llaman Médicos veterinarios, punto.

Primero debemos preservar la vida de los veterinarios y después salvaguardar la vida de los “peluditos”. Pareciera ser que la actual diputada Leticia Varela, no aprendió la lección de vida que evangelizaba en las nubes, cuando era aeromoza y que hace referencia a la preponderancia de intereses: en caso de alguna despresurización en la cabina primero los adultos se deben colocar la mascarilla de oxígeno y después atender a los menores o a aquellas personas que puedan depender de ellos.

 Igualmente, en el caso que nos ocupa, primero deberíamos preocuparnos por preservar la vida y la integridad de los veterinarios, para que puedan seguir siendo los garantes de la vida de nuestros animales, en el ejercicio legítimo de su profesión, devengando los honorarios a los cuáles, con arreglo a la ley tienen derecho. No denostemos su noble profesión, no los persigamos, no necesitan que criminalicemos su actuar.

Hay políticos que se suben a un tabique y les da mal de altura; que se puede esperar de una azafata acostumbrada a andar por las nubes, ahora convertida en diputada…

Señores legisladores dejen de escuchar el canto de las sirenas animalistas, dejen de pagar a asesores ignorantes; como Odiseo, pónganse cera en los oídos y amárrense al mástil de la objetividad, de la ciencia, de la técnica y de la experiencia de quienes sí saben de animales, para evitar sucumbir ante el encanto de los activistas fanáticos y viscerales.


FECHA DE PUBLICACIÓN: 26/01/2020

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