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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre.


Pobres perros… de ricos.

Existen personas que se autonombran “rescatistas” y van por la vida recogiendo perros; tal actividad está de moda y se considera políticamente correcta; tal tarea correspondería, en principio, a la autoridad con arreglo a la ley. En otra ocasión me ocuparé de este tema.

Llama la atención el hecho de que los perros que se “rescatan”, normalmente, se ubican dentro de la mancha urbana, en colonias del segmento social identificado como clase media. El asunto requiere de un análisis detenido, ya que es probable que los perros que más ameriten ser rescatados son los que están en los extremos y no en el medio; es decir, los perros de las personas que viven en suburbios y en zonas marginales en situación de pobreza y, paradójicamente, los perros de las personas de la clase alta.

Quienes se han autoimpuesto la pesada carga de rescatar perros, tal vez deberían darse una vueltecita por las zonas pobres y por los vecindarios y fraccionamientos de la clase alta; pareciera que se cumple la máxima aquella de que los extremos se tocan, aunque por razones distintas.

Probablemente esté de más preocuparse de los perros que viven en condiciones de miseria y de pobreza; para hablar de estos perros, es indispensable hablar primero de sus humanos que viven en las mismas condiciones que sus famélicas mascotas.

Cuando digo que puede resultar ocioso, no lo digo desde la indolencia y la falta de sensibilidad. Por el contrario, es una herida que cala hondo y tiene que ver más con la impotencia de una tarea titánica, que no tiene visos de solución.

Antes que preocuparnos de los perros que viven en los cinturones de miseria y en las zonas marginadas, tanto urbanas como rurales, primero deberíamos ocuparnos de nuestros semejantes,  de las personas que sobreviven en condiciones tan precarias y en ocasiones francamente infrahumanas.

Dentro de las legislaciones de maltrato animal, que están tan de moda, deberían existir excluyentes de responsabilidad para los pobres y agravantes para los ricos. Sé que la propuesta suena populista y panfletaria (muy a tono con el discurso oficial).

Lo que sucede es que ¿cómo podríamos hacerles un juicio de reproche a quienes no pueden proveerse lo indispensable para ellos mismos y sus familias? ¿cómo reprocharles el no poder brindar condiciones de bienestar para sus perros?

Situación distinta se presenta con aquellas personas que teniéndolo todo, cuando menos en lo material, no se ocupan de las necesidades de sus caninos.

En el pobre opera la no exigibilidad de otra conducta pero ¿en tratándose de los ricos? ¿qué excusa pueden argumentar aquellos que lo tienen todo?

¿A qué viene todo este discurso? sucede que con frecuencia - más de la que uno quisiera - se observan situaciones en las cuáles perros, que podrían estar en condiciones inmejorables, se encuentran en condiciones patéticas, deplorables; lo anterior, a causa de la ignorancia, el desinterés y la indolencia de sus aburguesados amos.

Solemos imaginar que los perros de rico la pasan de fábula, disfrutando de amplios jardines, alimento de calidad y agua en abundancia, pero en muchos de los casos son perros abandonados.

Recientemente participé en la organización de un evento a beneficio de una asociación rescatista y extendí una invitación a quien es probablemente el canófilo más conocido, querido y respetado de San Juan del Río. Querétaro, Don Salvador “Chava” Guerra; amablemente aceptó la invitación y participó con una interesante charla sobre la tenencia responsable de mascotas; durante la misma lanzó una frase lapidaria:

“ Hay perros abandonados, dentro de los hogares en que viven”.

Efectivamente, es una práctica generalizada la de tener un perro arrumbado, como si fuera una figura de ornato, el perro mueble. En muchos casos los perros están a cargo de la gente de servicio. No critico el hecho de que el personal de apoyo de la casa coadyuve en la atención de los perros; lo que critico es que quienes se dicen amos de sus perros no establezcan una relación, un vínculo con sus perros.

No se trata solamente de atender las necesidades materiales de la mascota, se trata de la relación humano-perro, se trata del vínculo, se trata del apego, se trata del tiempo en cantidad y calidad.

Para maltratar a un perro no es necesario darle machetazos, bañarlo en chapopote y amarrarle latas en la cola o tronarle cuetes. Basta con ignorarlo, con constreñirlo a desplegar conductas contrarias a su naturaleza, impedirle ser perro y manifestar los comportamientos que le son connaturales. El maltrato animal tiene una y mil facetas.

Bienaventurados los perros de los pobres que se les permite seguir siendo perros y que son atendidos por sus humanos.

Pobres perros de rico, que pena me dan.

Amable lector, agradezco su tiempo y el favor de su lectura.

 

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