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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre



Niños y perros sin supervisión (crónica de una mordida anunciada) 5ª y última entrega.

Comenzaré diciendo que los beneficios de la interacción y convivencia de niños y perros, están fuera de toda discusión; van desde la salud física hasta la emocional, pasando por recuerdos entrañables. Del otro lado está la posibilidad de los accidentes, su riesgo inminente; la buena noticia es que estos son, en su mayoría evitables, se requiere tan solo una supervisión adulta, responsable e informada, sentido común y empatía.

Es un lugar común afirmar que, válgase, el sentido común es el menos común de los sentidos; si esto es cierto también lo es que, en tratándose de perros, la empatía, la responsabilidad y el conocimiento, también son poco frecuentes.

Que los niños y los perros muerden, lo sabemos todos. Que los perros son mordidos por los niños y que los niños son mordidos por los perros también lo sabemos; lo que no es frecuente que se sepa es que, el porcentaje de personas (niños incluidos) mordidas por sus propios perros o por perros de conocidos, es mayor que el porcentaje de personas mordidas por perros desconocidos.

Lo dicho cobra sentido si lo pensamos a la luz de la confianza y de los abusos de confianza; me explico: si un niño entra en contacto con un perro desconocido, se extreman las precauciones, las cuales van desde una supervisión estrecha colmada de advertencias y hartos noes (no lo toques, no te acerques, no lo acaricies, etc.) hasta hacer mutis.

Si un niño interactúa con el perro de casa o uno conocido, existe la presunción de que ambos son buenos y sabrán comportarse, con la consabida relajación de las alertas y la supervisión. Si a esto le aunamos los abusos de confianza, la falta de empatía, de sentido común y el desconocimiento o la ignorancia de las advertencias en lenguaje canino, la cosa cambia.

En el 2016 se publicó en el Journal of Veterinary Behavior “Attitudes of caregivers to supervision of child–family dog interactions in children up to 6 years—An exploratory study” cuyos autores Christine Arhant, Ricarda Landenberger, Andrea Beetz y Josef Troxler, investigadores y docentes de las universidades de Viena y Rostock revelaron, de acuerdo con el estudio que realizaron, que un porcentaje superior al 80% de niños son mordidos por sus perros, en presencia de sus padres.

El estudio consistía en mostrar 5 imágenes de niños interactuando con perros y evaluar la percepción de riesgo de los padres; las respuestas dadas por los padres de familia fueron comparadas con las consideraciones de expertos en etología canina respecto de esas mismas imágenes y se dispararon las alarmas.

Las conclusiones permitían suponer que la incidencia de mordidas, tal vez, se debía al hecho de que niños y adultos malinterpretan las señales que envían los perros. Para decirlo en otras palabras: el mensaje enviado por los perros o no era recibido o era malinterpretado.

En efecto, hoy día si un perro pela el diente se piensa que el peludito está sonriendo y si gruñe se le riñe; si pone ojos de ballena se piensa que está extasiado y si lame a su invasivo interlocutor se considera que está dando besitos…

Lo de hoy es tomar una foto o video con el “cel” y conseguir la imagen memorable o el video viral del niño invadiendo el espacio íntimo del perro y atosigándolo con demostraciones de afecto humanas, que no son vistas como tales por el cánido.

Recordemos que los códigos de comunicación son distintos como distintas son las especies.

En reiteradas ocasiones los medios de comunicación y las redes han dado cuenta de episodios niño-perro o humano-perro, en los que buscando la fotografía memorable, lo único que se obtuvo fue una cicatriz imborrable, en el rostro de la criatura, o un video que servirá para que los estudiosos del tema identifiquen el abanico de señales agonísticas, signos de estrés y hagan un etograma completo.

Debe quedar claro que, normalmente, los perros no van por la vida buscando conflictos; todo lo contrario, buscan minimizarlos o evitarlos en todo momento. La naturaleza, siempre sabia y equilibrada ofrece alternativas a los animales: “flight or fight”, los perros a pesar de tener una naturaleza depredadora son cursoriales, prefieren huir antes que pelear; solo si se ven acorralados o impedidos para huir y evitar el conflicto, se enfrentaran.

Debemos desaprender que el amor a los perros se demuestra por medio de arrumacos, besos, caricias y abrazos; debemos enseñar a los niños que el afecto y el amor a los perros se demuestra por medio de una tenencia responsable: cuidándolos, proporcionándoles alimentación de calidad, agua limpia y fresca, manteniéndolos limpios, sanos; manteniendo aseado el lugar en el que habitan, sacándolos a pasear y jugando con ellos.

Debemos aprender también que no debemos interactuar ni tocar a cuanto perro se nos cruce por el camino. Es importante enseñar a los niños como acercarse a un perro, pero es igual o tal vez más importante enseñarles cuando deben alejarse de él, darle espacio.

Es momento de desaprender lo aprendido. Es momento de mostrar sensibilidad y sentido común y enseñar a los niños a ser respetuosos y empáticos con los animales, en especial con las mascotas.

Todo el mundo quiere un perro ideal, ese que sea un corderito de paciencia inagotable con los niños, pero que sea un león si un extraño enemigo osare perturbar la calma de nuestro hogar o un malandro atentara en contra de nuestra integridad.

¿Y si en lugar de soñar el perro ideal, nos dedicamos por formar al niño ideal? Ese con el que todos los perros sueñan; seguramente uno, sensible, respetuoso y empático.

Enseñemos a nuestros niños que a nadie nos gusta que ningún desconocido se nos acerque, invada nuestro espacio vital, nos toque, nos de palmaditas en la cabeza, nos abrace y nos bese; igual les sucede a los perros con los desconocidos.

Enseñemos a nuestros niños que todos tenemos un mal día, que no nos gusta que nos despierten, asusten o molesten mientras descansamos, nos quiten nuestras pertenencias, que nos besen o abrasen a la fuerza, que nos molesten mientras comemos o que nos quiten nuestra comida, igual les sucede a nuestros perros.

Respeto, límites y ponernos en el lugar del perro podría ser una buena medida preventiva, para evitar niños mordidos por perros. La supervisión activa e informada del adulto será la garante de la integridad y la vida de las bendiciones del hogar.

Amable lector: con esta entrega finaliza esta saga y comienza una cruzada para evitar niños mordidos por perros. ¡Ni una mordida más! Agradezco, hoy como siempre, su tiempo y el amable favor de su lectura.

26/05/2020

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