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COLUMNISTAS

Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre.


Niños y perros sin supervisión 

(crónica de una mordida anunciada)

Como usted debe saber, amable lector, los perros y los humanos somos individuos, no existen dos seres idénticos; este hecho implica el que no podemos generalizar. La vida me ha enseñado que, invariablemente, cuando decimos: todos o ninguno, siempre o nunca, estamos exagerando; esta afirmación es importante, en razón de que las cosas que he venido diciendo y las que estoy por decir no son ley, no son verdades inmutables. Son tan solo aproximaciones a un tema complejo del que muchos saben poco y los pocos que saben mucho ( no me cuento entre ellos ) reconocen que apenas se conoce una pequeña parte y que, algunos conceptos, están en constante transformación y faltan muchas cosas por ser investigadas, descubiertas y entendidas por lo que hace al tema de comunicación canina.

 Hecha esta aclaración, adentremos un poco en un tema fascinante, complejo y polémico: El lenguaje y la comunicación canina. Para hablar de este tema, es preciso referirse aunque sea a vuelapluma a la naturaleza del perro. Comenzaré por decir que no he encontrado ninguna definición cabal acerca de lo que es un perro. Todos creemos saber lo que es un perro, pero si así fuera sabríamos cuál es su naturaleza y cuáles son sus necesidades.

No pretendo meterme en un berenjenal y enfrascarme en  discusiones, interesantes pero bizantinas, respecto a los orígenes del perro. Amable lector, le propongo que usted y yo convengamos en el hecho de que el perro proviene del canis lupus y que fue domesticado con lo que se convirtió en familiaris. La cuestión no fue así de sencilla y llevó miles de años de evolución, pero para estos efectos ruego su indulgencia y que pensemos que fue así de simple.

A quienes estén interesados en ahondar en los orígenes y naturaleza del perro, así como otros interesantes temas relacionados, sugiero la lectura obligada del Manual de Etología Canina ( no se si llevará finalmente ese nombre ) del Dr. Ricardo Forastieri que tengo entendido se encuentra en la imprenta y que esperemos que, en breve, salga a la venta. El texto del Dr. Forastieri es el compendio de conocimientos y experiencias de alguien que ha amalgamado teoría y praxis por varias décadas y que sabe latín, latón y lamina acanalada de estos y otros temas.

El perro nace sin poder ver, sin poder oír, sin poder degustar, un incipiente sentido del tacto y un olfato que es su sentido más desarrollado permitiendo el vínculo con su madre y con el mundo. Hay quienes afirman que los perros “ven con la nariz”; este hecho es importante porque en la actualidad prácticamente no se permite a los perros utilizar su olfato. Recordemos que una de las formas de comunicación canina es la química, las glándulas anales son un compendio de información y lo mismo sucede con los marcajes territoriales por citar algunas.

Los perros no nacen sabiendo “hablar perro”. Los que saben de etología nos explican que los perros aprenden a ser perros, a comunicarse con los de su especie entre las 4 y las 8 semanas de edad. Periodo fundamental en el desarrollo social del perro y su futuro. De ahí la importancia de no separar al cachorro de la madre y de sus hermanos de camada antes de los 2 meses de edad; hacerlo es casi una garantía de que habrá problemas en el futuro.

Deben tener lugar en este periodo, en condiciones normales, interacciones sociales inter e intra especificas ( entre perros y con otras especies), aprendizaje del lenguaje canino y de los rituales propios de la especie. Seamos empáticos e imaginemos lo complicado que es para un cachorro aprender todo esto en un tiempo tan breve.

Aunado a lo anterior, imaginemos que el perro por esa misma época normalmente entra en contacto con el humano y debe aprender a comunicarse con él, entender su lenguaje. Las palabras del lenguaje humano (significantes) carecen en absoluto de significado para los perros; ¡salte!, ¡métete!, ¡sentado! o ¡echado! realmente no significan nada para un perro en principio; es con el paso del tiempo y por una asociación que el perro les atribuirá un sentido y un significado.

Ya hemos dicho también que, normalmente, el humano pretende que el perro sea el que entienda su lenguaje y los humanos hacemos nada o muy poco por tratar de entender las manifestaciones y los significados del lenguaje canino. Acaso sea por desconocimiento, por ignorancia o por ese fanatismo malsano de querer antropomorfizar al perro, hacerlo más “humano”. A causa de la evolución, hemos dejado de ser hábiles para “leer” el lenguaje corporal de los de nuestra misma especie y el de los animales que nos rodean; hemos dejado de ser observadores y hemos dejado de entender el lenguaje corporal.

De suyo todos los lenguajes son complejos. Los perros “hablan” y se comunican por medio de un lenguaje que les es propio y que es universal. Es en medio de esa complejidad del lenguaje canino que los perros nos comunican, todo él tiempo, una serie de señales que van, desde las aparentes hasta las más sutiles y todas cobran singular importancia si las analizamos en su conjunto.

Baste con señalar que de nada vale conocer los signos y señales del lenguaje canino si no se sabe darles una interpretación adecuada en un momento y en un espacio determinados; es por esta razón que la herramienta del video supera con mucho a la de la fotografía, ya que permite formarse una mejor idea de lo que realmente se está comunicando.

Dicen los que saben de lenguaje y comunicación que “ él texto nos lo da el contexto”; me aventuro a afirmar que, a los significantes del lenguaje canino, debemos atribuirles su significado, dependiendo del contexto en el cual se manifiesten; una misma señal, en diferentes contextos, tendrá significados diversos.

Algunas de esas señales solo son perceptibles para el observador atento y para el ojo entrenado. Orhan Pamuk, escritor turco, ha dicho: “los perros pueden hablar, pero solo a quienes saben escucharlos”. Vaya pedazo de frase de quien fuera Premio Nobel de literatura 2006.

Sería insensato, irresponsable y deshonesto de mi parte el pretender abordar, a cabalidad, un tema tan trascendente y complejo como el lenguaje canino en este modesto par de cuartillas. El lenguaje canino es todo un tema y rebasa con mucho, los alcances de esta modesta colaboración; estimo que debe ser tratado in extenso y con apoyo audiovisual.

Desde ya hago una invitación a cualquier persona que tenga interacción con perros, sobre todo a los padres de familia que tengan hijos que interactúen con perros ya sean propios o ajenos a que profundice en él tema. Podríamos decir que es una de esas habilidades blandas que deberían enseñarse en las aulas a edad temprana y que toda persona debería aprender.

Nos acercamos al final de esta serie de entregas que han tenido como eje a los niños, los perros y la supervisión adulta responsable e informada; no han perseguido otra finalidad que la de ser una pequeña contribución para la posible solución de un problema. Nuestra ilusión es que el modesto esfuerzo que hemos venido haciendo, por medio de estas publicaciones, sirva para que alguien, en algún lugar, evite que un niño(a) sea mordido por un perro y que como consecuencia un perro sea sacrificado o abandonado.

Amable lector, agradezco como siempre su tiempo y el favor de su lectura.

19/05/2020
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