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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

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Niños y perros sin supervisión 3ª Parte.


Me gustaría pensar que todos coincidimos en el hecho de que no se debe dejar solos, en ningún caso, a un niño y a un perro sin supervisión de un adulto responsable e informado. Ya lo hemos expresado: niño + perro = combinación peligrosa. Los niños tienen una pasmosa facilidad para convertir en peligroso lo seguro; la falta de conocimiento de los perros aporta el otro ingrediente necesario para que la combinación sea explosiva.

Está claro que, existen ciertas situaciones, en las que prácticamente era imposible hacer algo para evitar un accidente; aquí solo mencionaremos que pudieran operar el caso fortuito y la fuerza mayor. No obstante lo anterior, existe un volumen importante de incidentes entre niños y perros que son, en su inmensa mayoría, evitables.

Efectivamente, creo que todos podemos convenir en el hecho de que la recomendación más frecuente para evitar incidentes entre niños y perros se llama supervisión. Sin embargo, es importante tener en cuenta el hecho de que el concepto de supervisión puede ser un tanto cuanto subjetivo y que todas las formas de supervisión son eficientes, pero no todas son efectivas.

Propongo, para tener un punto de partida, una noción del concepto de supervisión: Vigilancia o dirección de la realización de una actividad determinada por parte de una persona con autoridad o capacidad para ello. Destacaría los conceptos de vigilancia y capacidad.

Para efectos didácticos podría proponer una distinción entre diversas formas de supervisión sugerida por J. Shyrock, a saber: AUSENTE, PASIVA , REACTIVA, PROACTIVA y ACTIVA. También es importante entender que el concepto supervisión aplica no solamente en casa, sino en cualquier espacio y tiempo determinado en el que coincidan un niño y un perro ( auto, jardín, patio, parque,etc.)

 

Supervisión pasiva. Entendemos por supervisión pasiva aquella en la que coexisten un niño, un perro y un adulto en el mismo espacio y tiempo, pero el adulto está ocupado, distraído o no se encuentra observando la interacción; padres distraídos por gadgets, madres multitareas, padres viendo la tv, etc.

Supervisión reactiva. Consideramos supervisión reactiva aquella en la qué estando un niño y un perro en un espacio y tiempo determinados, el adulto interviene cuando ya están demasiado cerca, en el límite. Podríamos decir que es posible distinguirla por el clásico “¡hey, hey, heyeyeyeyey!”, “no, espérate”, etc.

Aquí es importante señalar que en este punto a veces se inhiben las alertas, se confunden a los perros.

Supervisión proactiva. Es aquella en la que él adulto que está con un niño y un perro en un espacio determinado, tiene la capacidad de representarse, mentalmente, un posible resultado y se anticipa; él adulto es previsor y toma las medidas de cuidado que corresponden. Ejemplificarían este tipo de supervisión las personas que colocan a un bebe en un corralito o que colocan una división, una barrera entre niño y perro, previendo una interacción inadecuada.

Supervisión activa. Por último podemos identificar a la supervisión activa como aquella en la que el adulto está atento todo el tiempo a la interacción entre niño y perro y tiene la capacidad de “leer al perro”, las señales corporales, los mensajes que comunica el perro.

Honro la memoria de mi abuela, siempre sabia, educaba por medio de refranes; solía decir mi abuela: “ El que no sabe es como el que no ve” cuanta sabiduría.

Efectivamente, de nada vale una supervisión sin el conocimiento adecuado y suficiente. Se requiere cierto grado de información para poder llevar a cabo una supervisión eficaz.

Las preguntas obligadas son: ¿cómo se comunican los perros? y ¿cómo nos comunicamos los humanos con los perros? el común de la gente piensa que los perros se comunican por medio de vocalizaciones (ladridos, aullidos, gemidos y gruñidos) tal afirmación es, parcialmente, cierta ya que el principal medio de comunicación canina es el lenguaje corporal.

Los seres humanos nos comunicamos con los perros, principalmente, por medio del lenguaje oral; olvidamos que las palabras (significantes) per se carecen de sentido (significado) para los perros, al igual que para el resto de los animales. Es la asociación del significante con el significado lo que posibilita la comunicación en algunos casos.

Podríamos afirmar que, en mayor medida, los perros entienden nuestro lenguaje verbal y que nosotros los humanos hacemos muy poco o nada, por observar y entender el lenguaje canino.

Apreciable lector, agradezco su tiempo y lectura. Lo invito a que me regale el favor de su atención en la entrega siguiente, en la que me referiré al lenguaje corporal canino.

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