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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de Sastre.



Maltrato animal al código penal


En diversos lugares de nuestro país los activistas animalistas, coludidos con políticos y legisladores oportunistas toman la palestra y claman: “maltrato animal, al código penal”. Insisten en que tal conducta se considere dentro del catálogo delictivo y que además tenga señaladas penas de prisión elevadas.

Reza el refrán que “Muerto el perro se acabó la rabia”; será acaso que quienes exigen que el maltrato animal se tipifique como delito y que tenga pena corporal, consideran que preso el maltratador, el maltrato animal llegará a su fin ¿será?

Se precisaría entrar en un análisis filosófico-jurídico del fundamento y la finalidad de las sanciones corporales; no lo vamos a hacer. De manera muy simplista solo enunciaremos que, históricamente, se han establecido penas de prisión por lo que hizo el condenado, para que no lo haga mientras se encuentre recluido el perpetrador o para que sirva de escarmiento e inhiba la conducta de los demás.

A los genios animalistas y a los brillantes legisladores se les olvidan algunas cosas, entre ellas la realidad de nuestro país: en primer lugar todos sabemos que el principal problema en materia de procuración y administración de justicia en México se llama impunidad; como es sabido es una tasa muy baja la de los delitos que se denuncian y casi insignificante la de aquellos que culminan con una sentencia condenatoria.

Suponiendo que se hubiere conseguido, imaginemos el panorama: estoy seguro de que una persona que maltrate a sus animales o a los ajenos, metiéndolo preso se corregirá; la prisión ha demostrado, en el mundo y particularmente en éste país, ser la mejor manera de rehabilitar, reeducar y resocializar a las personas, sobre todo a aquellas peligrosas, aquellas que son violentas o que tienen propensión a la violencia para que no reincidan ¿o no?

Las razones todos las conocemos. En prisión socializarán mucho, ampliarán su círculo de amistades,  harán muy buenos amigos, conocerán gente refinada y linda que les compartirá información y experiencias valiosas.

Tendrán oportunidad de conocer a personas que les darán testimonios que no tienen precio, les hablarán de su arrepentimiento y lo mucho que les ha ayudado la prisión para corregirse y no reincidir; sobre todo aquellos que tienen un largo historial delictivo y numerosos ingresos a prisión.

No es tema menor el de la economía (ya ven que el dinero anda escaso en estos tiempos). Debe considerarse el costo que tiene para el erario público echar andar la kafkiana maquinaria de la procuración y administración de justicia y luego el costo que implica tener a un hombre privado de su libertad. La pena de prisión no es la panacea.

Más de uno pensara que todos estos argumentos son nada, si pensamos en el sufrimiento que un maltratador inflige a un inocente animalito y más aún, si como esgrimen los animalistas, un maltratador de animales es un homicida serial en potencia.

Aseguran, no sé cuál sea su fuente, que todos los cruentos asesinos comenzaron su larga carrera delictiva maltratando animalitos, durante su niñez.  Este es uno de los discursos más socorridos por los animalistas; sin embargo, desconocen u olvidan que Hitler y los nazis amaban a los animales y que muchos de los más cruentos asesinos, sociópatas que han existido a lo largo de la historia, amaban a los animales y odiaban a los seres humanos.

Hay tantas formas de causar daño físico y psicológico a los animales. En ese catalogo infinito de maldad humana hay otros tipos de maltrato hacia los animales que también deberían considerarse: la antropomorfización, la zoofilia, las innumerables prácticas de maltrato que la gente comete cuando los disfrazan,  cuando no se les permite desplegar conductas que les son propias a su naturaleza, cuando se les provoca hiperapego y la consecuente ansiedad por separación, fobias y muchas cosas más.

Maltrato animal también podría ser el hacinamiento en el que muchos “rescatistas” tienen a sus “rescatados” o las condiciones de insalubridad en las que los tienen.

Es momento de abrir la mente, pensar fuera de la caja y buscar alternativas. Un buen ejemplo lo constituyen las sanciones impuestas por el Juez de Menores de Granada, Don Emilio Calatayud cuyo catálogo de sentencias van desde ordenar a los reos tomar un curso de estilista, impartir clases, escribir un comic o aquella celebre impuesta a un conductor ebrio al que condeno a visitar a pacientes parapléjicos y a sus familias, para tomar conciencia de las consecuencias de su actuar irreflexivo.

Menos Derecho Punitivo, menos diarrea legislativa y más sentido común.

Apreciable lector, gracias por su tiempo y el favor de su lectura. Gracias Ágora.

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