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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre.


La importancia del paseo canino (4ª parte)

Estimado lector, vamos por la cuarta entrega de este importante e interesante tema. Decíamos, la semana pasada, que hay varios tipos de paseos caninos y que cada uno persigue un propósito distinto. Hoy nos ocuparemos del paseo de adiestramiento u obediencia, pero antes déjeme hacerle una pregunta fundamental: durante el paseo con su perro ¿quién pasea a quién? la pregunta parece insulsa, pero no lo es; es una cuestión fundamental ¿el perro lo pasea a usted, usted pasea al perro o usted pasea con el perro? Se lo dejo de tarea.

En alguna otra ocasión, en éste mismo espacio, he dicho que todos somos adiestradores; todo aquel que tiene o interactúa con un perro es, tal vez sin saberlo, un adiestrador. Toda conducta que es reforzada es una forma de adiestramiento, para decirlo en lenguaje llano: todos “enseñamos”, todo el tiempo, a nuestros perros. Me atrevo a afirmar que la diferencia, fundamental, radica en el hecho de que el adiestrador formal busca o una conducta u objetivo, elabora un programa de trabajo y lo ejecuta de manera consistente, utilizando refuerzos positivos o negativos; en tanto que el propietario, común y corriente, va por la vida reforzando conductas sin saberlo y sin tener claro el objetivo.

Con el paseo canino pasa algo similar a lo que sucede en los recreos o recesos escolares de los niños. Efectivamente, todos podemos coincidir en que la hora del recreo infantil es la hora de jugar, en eso podemos estar de acuerdo todos; la diferencia estriba en el hecho de que hay diversos tipos de juego: juego libre, juego paralelo, juego compartido, juego colaborativo, juego estructurado, entre otros.

Es incorrecta la apreciación de que el recreo es el momento en que el niño puede hacer lo que quiera, correr, gritar, etc. con absoluta libertad. Aún el juego precisa estructura y reglas; es cierto que hay una categoría que se denomina juego libre, pero es una de las posibilidades y no la única.

Algo semejante sucede con el paseo canino, algunas personas – la mayoría – estima que durante el paseo canino es la hora del “todo se vale”, es la hora de la emancipación canina; nada más alejado de la realidad. El paseo canino es el momento propicio para ejercer el liderazgo, dejar en claro quien está a cargo, quien sigue a quien y quien es el jefe de jefes. El Master Bart Bellon ha dicho “ sí tratas a tu perro como humano, él te tratará como perro”, pedazo de frase. Si trata a su perro como su igual, como su par, el seguramente aprovechará y se va subir a la red a rematar y ¿adivine qué? en un santiamén el será el jefe.

No se trata del concepto Millanesco del líder de la manada, no se trata de someter al perro, se trata de dejar en claro quien toma las decisiones.

El asunto tiene visos de paradoja irresoluble, pero permítame plantearlo así: “ un perro obediente es un perro más libre, un perro que goza de más libertades”. Un perro desobediente, un perro que no tiene control, irremediablemente será un perro que verá disminuida su libertad. Me explico: si mi perro ha sido adiestrado, si tengo un buen vínculo con mi perro, si mi perro tiene un llamado cien por ciento confiable, aún en circunstancias de distractores, si vamos en un paseo por el campo, sé que puedo quitarle la correa y dejarlo en libertad; sé que si hay algún peligro o cualquier circunstancia que amerite que regrese, lo hará y no pasará nada.

Si mi perro no obedece, en cuanto lo libero sale despavorido y si le llamo no viene o viene cuando quiere, corro el riesgo de que suceda alguna tragedia o que lo libere y que nunca más lo vuelva a ver.

Durante los paseos caninos se confunde, como decía mi abuela, libertad con libertinaje. Los perros precisan jerarquías, estructura, orden, rituales, esa es su naturaleza. Cuando le queremos jugar al progre, vanguardista, demócrata e igualitario con nuestro perro los confundimos y los desestructuramos. El resultado es perros ansiosos y desequilibrados.

Un perro que goza de una libertad absoluta e irrestricta, no la valorará, ni siquiera la disfrutará; un perro que vive en un entorno jerarquizado, estructurado con límites y disciplina disfrutará cada porciúncula de libertad que se le permita.

El paseo estructurado permite al perro entender con claridad, en blanco y negro, lo que debe y no debe hacer, lo que puede o no hacer. Sin esa estructura el perro perderá la brújula, el perro quedará al garete durante el paseo.

Es entonces que cobran sentido y significado la cadencia de la marcha, la longitud de la correa, la ubicación del perro a nuestro costado y de un solo lado; el olfatear y orinar se convierten entonces en recompensas.

Termino con un par de reflexiones: ¿imagina usted al lobo Alfa deteniendo el avance de la manada esperando a que el lobo Delta haga pipí y el lobo Epsilon termine de olisquear algo que llamó su atención, para reanudar la marcha?

 Durante el paseo con su perro, estimado lector, guarde el celular, disfrute el paseo, disfrute a su perro; recuerde que la felicidad no es una estación, sino una manera de viajar. Disfrute el viaje que se llama vida, que el boleto no tiene regreso.

Una vez más se nos acabó el espacio; una vez más agradezco a usted la generosidad de obsequiarme su tiempo y el favor de su lectura. Bendiciones para usted y los suyos. Agradezcamos el estar aquí y ahora; yo por mi parte elevo la mirada al cielo y doy gracias por estar vivo, sano, completo, libre, con mi familia y en casa. Gracias.

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28/07/2020

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