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COLUMNISTAS

Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de Sastre.


Hechos y desechos caninos


Apreciable lector, primero los hechos:

Los perros, como aquella nostálgica estación de radio, llegaron para quedarse. Los perros forman parte de nuestras vidas.

Forbes publica que, de acuerdo con el censo 2016 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), México es el país de la región de América Latina con el mayor número de perros en la región, con aproximadamente 19.5 millones en todo el país. Datos más recientes señalan que rondan los 23 millones.

Alguien pudiera considerar que son pocos perros, en un país de más de 100 millones de habitantes, pero si pensamos que esa cifra – los 23 millones- supera la cantidad de niños menores de nueve años, que es de 19.7 millones, está para pensarse.

Se afirma que 7 de cada 10 hogares en México cuentan con una mascota. El Consejo Nacional de Población (CONAPO) señala que el número de perros domésticos aumentó 20% del año 2000 al 2010; 80% de los habitantes con mascotas tiene perros en su hogar.

Del total de perros en el país, INEGI establece que sólo 5.4 millones tienen hogar; en lo personal me parece exagerado ese dato (no veo que haya ríos de perros deambulando por los parques públicos o por las avenidas de una gran ciudad, las modestas calles de una pequeña población o ya de plano por el polvoriento remedo de calle en cualquier asentamiento humano de las zonas marginales y marginadas) pero quien soy yo para poner en duda los datos que nos da el INEGI.

Una de las principales razones del abandono animal está relacionada con factores económicos; habrá que revisar los números de perros abandonados como consecuencia de la crisis económica coincidente con la pandemia del COVID 19.

Estimado lector, pasemos ahora al tema de los desechos:

Cada uno de esos 23 millones de perros tiene una boca que alimentar y un aparato digestivo que atender; en efecto, puede tratarse de Fifí o de Firulais, quienes tienen en común, a más de iniciar su nombre con la letra F, el ser individuos de la especia Canis familiaris, mejor conocidos como perros y también tienen en común el ser procesadoras de alimentos con patas.

La Ley de la conservación de la materia, conocida como ley de Lavoisier-Lomonosov, enseña que “La materia no se crea, ni se destruye, sólo se transforma”; en efecto, no importa si la materia tuvo su origen en una hipsteriana dieta BARF o en una clasemediera dieta compuesta de crujientes croquetas, marca libre, compradas a granel en la tienda de la esquina o si consistió en las raquíticas sobras que le fueron compartidas por sus humildes propietarios. Lo cierto es que el alimento consumido por nuestros perros, después de haber transitado por su aparato digestivo termina convertido en heces fecales, las cuales se ven obligadas a abandonar la anatomía que les dio albergue.

Recordemos las enseñanzas de Monsieur Lavoisier, “nada se crea ni se destruye, solo se transforma”. El alimento consumido por cada uno de esos 23 millones de perros que nos dicen que existe en nuestro país genera excretas.

Sería muy interesante saber que destino final tienen esas heces, porque de ser cierto que solo 5.4 millones de perros tienen hogar y suponiendo que esos perros tuvieran dueños responsables, significaría que solo las heces de esos perros son recogidas ( cosa que pongo en duda) ya que, por uno de esos raros misterios de la vida ignoro porque la gente confunde el paseo de la mascota con la salida a realizar sus necesidades fisiológicas. Son cosas distintas, tienen propósitos distintos y consecuencias distintas.

La gente que saca a pasear a sus perros parece que ignorara aquel principio general del Derecho que enseña que “ACCESORIUM SEQUITUR PRINCIPALE” es decir lo accesorio sigue la suerte de lo principal; esto quiere decir que el dueño del perro, también es dueño de sus desechos, le pertenecen.

Amable lector, recordemos que las heces fecales caninas, por misterios de la química se degradan al aire libre  y se introducen en el organismo del ser humano por medio del aire que respiramos o por medio de los “higiénicos” alimentos  que son preparados y que consumimos en la calle o por contacto con la piel. Esto puede ocasionar infecciones por parásitos  y enfermedades del aparato digestivo, la visión, el corazón, el hígado y la piel, enfermedades difíciles de pronunciar y de curar.

Apreciable lector, si su perro se hace usted no se haga y recoja sus heces; trate de darles el mejor destino final que pueda que ese será otro tema que algún día trataremos por aquí.

Por lo pronto, no me resta sino agradecer siempre su tiempo, el favor de su atención y su lectura. Saludos, quédese en casa, ya falta menos.


09/06/2020

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