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COLUMNISTAS

Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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El caballo de Nietzsche y las culpas ajenas.

Acerca del caballo se pueden decir mil y un cosas, la mayoría de ellas buenas y algunas excepcionales. Lo que es una realidad es que el caballo a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido un ser incomprendido, tratado mal y maltratado.

La geografía y las diferentes culturas a lo largo de los años han registrado una serie incontable de prácticas abusivas y de maltrato al caballo, muchas de ellas por ignorancia, por desconocimiento o simplemente por un deseo de poder, de controlar a un ser como lo es el caballo.

Honestamente rebasa los alcance de ésta modesta colaboración el dar cuenta de la historia del caballo o realizar un repaso pormenorizado de los incontables e inimaginables abusos que ha sufrido el caballo en las diferentes culturas y latitudes del orbe.

Hay dos cosas que me gustaría destacar en éste contexto.

Confieso que en alguna época de mi vida fui un asiduo lector de Friedrich Wilhelm Nietzsche. Hay una anécdota muy famosa conocida como “El caballo de Nietzsche o el caballo de Turín”que ha dado lugar a que el filósofo alemán sea invocado frecuentemente por los animalistas como si de San Francisco de Asís o de San Antonio Abad se tratara.

Se cuenta que en un frío día de invierno, el filósofo al caminar por la “Piazza de Carlo Alberto”, en la ciudad de Turín, observó como un cochero fustigaba a su caballo; Nietzsche, impresionado por la escena, se apersona y reclama al cochero su actuar.

Hasta aquí todas las versiones son coincidentes en los hechos, en donde divergen es que algunas señalan que Nietsche abrazo al caballo y se quedo en silencio por un rato largo, en tanto que otras versiones aseguran – no sé con qué elementos- que el célebre autor susurro al caballo unas palabras y que por medio de ellas le pedía perdón en nombre de la humanidad.

Todas las versiones respecto del incidente vuelven a coincidir en el hecho de que el evento fue un parte aguas en la vida de Friedrich Nietzsche; hay quien afirma que no volvió a articular palabra alguna y que rompió para siempre con la humanidad.

La anécdota ha inspirado a literatos y cineastas. La anécdota da título y es el punto de partida de la película “El caballo de Turín”, con la que el cineasta húngaro Béla Tarr decide despedirse de su quehacer cinematográfico. Milán Kundera en “La insoportable levedad del ser” le dedica algunas páginas al incidente y expresa la idea de que cuando Nietzsche fue a pedirle disculpas al caballo, su locura comienza justo en ese momento.

¿Por qué Nietzsche se siente culpable por cosas que no hizo? ¿ por qué los animalistas se sienten culpables por cosas que no han hecho? ¿ por qué los animalistas pretenden que todos nos sintamos culpables, expiemos pecados y delitos que no hemos cometido en contra de los animales?

Amable lector, probablemente usted ha observado que los animalistas emprenden campañas en pro de su causa con “frases matonas” tales como: “Los perros de la calle, no son de la calle, son de todos” o aquella otra de “ su único crimen fue nacer en la calle” y cosas por el estilo. Indudablemente que la retórica tiene su encanto, pero en lo personal, para ser honesto, no me identifico con esas creencias y eso nada tiene que ver con el hecho de que uno ame o respete a los perros.

Los perros de la calle normalmente son perros que fueron abandonados, echados a la calle por alguien, es decir son perros que le pertenecían a alguien. Aún los perros que nacen en la calle tienen su origen en una hembra que era de alguien. Ese alguien que no fue un digno propietario, un propietario responsable y que seguramente optó por el expediente fácil del abandono, una de las formas más comunes y más cobardes de maltrato animal.

Dentro de las principales causas de abandono de perros se citan las siguientes: pérdida o falta de interés en la mascota, alergia de algún integrante de la familia, nacimiento de un hijo, cambio de domicilio, comportamiento “inadecuado” del animal, fallecimiento o

enfermedad del propietario, algunas otras. En los años recientes se argumenta también como causal de abandono la situación económica.

El postulado animalista de que “no hay inocentes”, “todos somos culpables”, me recuerdan las tesis anarquistas.

Los perros de la calle no son un problema que hayamos generado todos, los perros de la calle son antes que otra cosa, un problema de dueños irresponsables y un grave problema de salud pública ( rabia, enfermedades infecto contagiosas, zoonosis, contaminación por fecalismo a cielo abierto, etc.) como tal debe ser atendido por las autoridades a quienes corresponde la responsabilidad en la materia y las políticas al respecto. La autoridad ha cedido su responsabilidad y en ocasiones ha claudicado de plano.

La caridad, la misericordia, la conmiseración, la solidaridad, la filantropía a mi entender deben tener su origen en los más puros valores humanos, en las regiones más pura de la persona humana, no en la culpa y el chantaje emocional.

Trabajemos en educar y crear conciencia del respeto a los animales y la tenencia responsable pero no desde la culpa y el chantaje y menos aún desde una anécdota conmovedora de quien años atrás aconsejaba: “¿vas con mujeres? ¡ no olvides el látigo!”.

Señores animalistas: hay que leer las obras completas de Nietzsche y no solamente las frases matonas. Nietzsche, humano demasiado humano y los animalistas, también.

Amable lector, agradezco igual que siempre su valioso tiempo y el favor de su lectura.

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