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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre. 


Cave canem

Apreciable lector, déjeme lanzarle una pregunta, así en frío, a quema ropa: ¿tiene usted perro? ¿ por qué tiene usted perro? Seguramente que existirán muchas buenas razones para tener al que ha sido catalogado como el “mejor amigo del hombre”.

¿Alguna vez lo ha decepcionado su perro? Recientemente se acercó a mi alguien y me abrió su corazón, sus perros lo habían decepcionado. Regresó a su casa y se encontró con la novedad de que los amigos de lo ajeno se habían  introducido a su casa y no solo eso, sino que lo que es más grave, aún estaban adentro. El desenlace está de más. Lo relevante para los efectos de ésta publicación es que la familia estaba decepcionada y hasta enojada ya que sus perros no habían ofrecido ninguna resistencia, no habían defendido su territorio, la morada y posesiones de sus dueños; al parecer, en cuanto los intrusos forzaron el portón de la entrada y lograron abrirlo, sus “fieros guardianes” salieron veloces a corretear y jugar en libertad…

¿Se trató de un hecho aislado? – así se suelen expresar los servidores públicos cuando se les interroga acerca de éste tipo de sucesos- me atrevo a asegurar que ni el robo a casa habitación, ni la conducta de los perros son hechos aislados; pareciera ser que ambas conductas son harto frecuentes, casi algo de todos los días. Qué pena que sucedan las dos situaciones.

Ya he referido en éste mismo espacio, hace algún tiempo,  que en la Roma antigua era una práctica común el colocar en la entrada de las casas, la imagen de un perro en actitud guardiana, atado a una cadena, todo ello realizado con mosaicos; al pie de la imagen se solía escribir la frase “Cave canem” cuyo significado era “cuidado con él perro”.

Queda claro que el perro desempeñó en la antigüedad el papel de guardián ¿será igual en la actualidad? En el pasado y en la mitología se les confería tal carácter, recordemos al famoso can Cerbero, figura fantástica de 3 cabezas y enormes fauces, con una serpiente en lugar de cola y fiereza a toda prueba, que custodiaba las puertas del Hades, para evitar que los muertos salieran y los vivos no pudieran ingresar a tal lugar.

La finalidad del letrero en el pasado era advertir a los visitantes y a los intrusos que la heredad era vigilada y protegida por un can. Hoy día ya no se acostumbra colocar el letrero y al parecer tampoco los perros acostumbran defender el patrimonio de sus amos ni desquitar lo que se comen. Hay sus honrosas excepciones.

¿Será acaso que los perros le están pasando la factura a sus dueños por tenerlos convertidos en elementos de ornato o por tenerlos  arrumbados, en el olvido?

¿Será cierto acaso aquello de que el apego, el vínculo que se construye entre el perro y los miembros de su manada humana es más importante que colmarlos de mimos, besos y caricias?

¿Será acaso que todos soñamos con el perro ideal que sea un borreguito con los niños de la casa y las visitas, pero al mismo tiempo una fiera con los malandros y las personas non gratas? ¿será esto posible?

¿Será posible que los perros sigan cumpliendo con esa función de disuadir, de fungir como garantes, guardianes y protectores de la integridad de las personas y su patrimonio?

¿Será que algo estamos haciendo para que los perros se rajen a la primera y dejen a sus humanos con un palmo de narices, expuestos y en manos de los malos?

Tengo muchas preguntas más. Las respuestas lo invito a que las busquemos juntos. Creo que es momento de que reflexionemos por qué y para qué tenemos perro y que seamos congruentes con esa decisión.

Agradezco, amable lector, su lectura y el favor de su atención.


Fecha de Publicación: 15 de diciembre 2020 

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