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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre.



¿Perro no come perro?

 

Estimado lector, seguramente que usted ha escuchado en alguna ocasión la expresión de que “perro no come perro”; probablemente hasta haya realizado el “test” antes de degustar unos deliciosos tacos, lanzando un trozo de carne a alguno de los famélicos canes que merodeaban el puesto callejero, para ver si lo comía o lo rechazaba. Acto seguido, si el can comía la carne, usted tranquilamente se habrá dispuesto a comer, como mandan los cánones, a degustar su orden de tacos, en escuadra, con jardín y sin copia.

Espero que haya entendido toda esta terminología gourmet que los tragones de tacos solemos compartir.

Regresando al tema y a la pregunta inicial que da título a la presente colaboración, debo decir que la cuestión no es nueva. Existe un brocardo latino que la enuncia“Canis caninam non est”; si bien puede ser empleada en un contexto social, en el sentido de que los miembros de un determinado gremio o grupo social tienden a evitar conflictos entre ellos, también lo es que encuentra sus orígenes reales en la observación de un legado evolutivo.

Contrario a lo que contemporáneamente se piensa, los perros han sido y son carroñeros. Actualmente las personas se horrorizan si ven al Bobby o a la Britney siquiera comer algo del piso, basura; peor aún si se trata de estiércol, heces caninas, humanas o algún cadáver de animal.

Se nos olvida que probablemente ahí inicia la simbiosis humano-perro, en la capacidad de los perros de comerse nuestra basura, nuestros desechos, la carroña. Sin duda este fue el primer servicio que los canidos prestaron al hombre.

Recientemente leí una nota en la que James Serpell, profesor de ética y bienestar animal en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, reflexionaba sobre el hecho de que los humanos somos selectivos a la hora de elegir nuestros alimentos y se cuestionaba si podría un animal carroñero, como el perro, ser selectivo a la hora de decidir qué tipo de carroña comer.

La naturaleza, siempre sabia, parece tener evidencia de que “perro no come perro”. La expresión parece haberse originado a partir de observaciones empíricas sobre la aversión de los animales carnívoros a comer cadáveres de otros carnívoros.

Citaba un artículo publicado en la revista Journal of Animal Ecology, en el que se hacía referencia al hecho de que este comportamiento aversivo es por un buen motivo: para un animal carnívoro; comer carroña de otro carnívoro, especialmente si es de su misma especie, incrementa la probabilidad de contraer patógenos que podrían enfermarlo y poner en peligro su vida.

Parece ser que, a lo largo de la evolución, los carnívoros han aprendido a discriminar, probablemente por el olor, la carroña “segura” de la peligrosa.

En cualquier caso lo que debe quedar claro es que debemos respetar la naturaleza de los perros y a la naturaleza en sí. Cuando bañamos a un perro, lo perfumamos y observamos que el perro lo primero que hace es correr a revolcarse con la finalidad de “borrar” tan exquisitas fragancias de su geografía corporal, debemos entender el mensaje: no podemos atentar contra la naturaleza. El perro huele a perro, el humano huele a humano.

Aún no hemos terminado de entender la lección de que a la naturaleza no la podemos torcer, no la podemos engañar. La naturaleza cobra facturas y las cobra caras.

Es inaceptable que por desconocimiento o ignorancia atentemos contra la naturaleza de las cosas. En lugar de dedicar tiempo y esfuerzo para encontrar productos para borrar o transformar el olor de nuestros perros, mejor dediquemos tiempo a informarnos por qué razones se revuelcan sobre el estiércol o sobre los restos de un cadáver.

Entendemos de una vez por todas que los perros se parecen más a los lobos que a los humanos, los perros no tienen de dónde ni por que parecerse a las personas. Si es verdad que amamos a los perros en primer término debemos conocerlos y después aceptarlos.

Amable lector si a usted le molesta el olor de su perro, no quiero imaginar lo que el perro podría pensar de nuestros olores humanos. Recordemos que la capacidad olfativa del perro supera a la del humano por varios cientos de veces.

Amable lector, si algo nos ha enseñado la pandemia es que hay cosas verdaderamente importantes y esenciales. Entendamos y respetemos a la naturaleza.

Estimado lector, cuídese mucho. Agradezco, como siempre, su atención su tiempo y el favor se su lectura. Gracias. 



//Fecha de publicación: 02/02/2021

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