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Juan Ramón de Caso

CAJÓN DE SASTRE

@jrdkzo
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Cajón de sastre



A caballo regalado…

 

Amable lector, ya hemos dicho en diversas ocasiones en este mismo espacio, que los refranes son, sin lugar a dudas, pequeños compendios de sabiduría. En unas cuantas palabras se resumen experiencias de vida y lecciones invaluables.

Enseña la conseja popular que “A caballo regalado, no se le ve el colmillo”; este refrán hace referencia a qué si alguien nos regala un caballo, no debemos ponernos exigentes en si el caballo es viejo o no, ya que la aparición de los colmillos en los equinos denota que el individuo ya está maduro.

¿A que viene esta consideración? Bueno que, contemporáneamente, podría decirse lo mismo en tratándose de perros. En efecto, con esto de las modas y las frases matonas, es una practica recurrente el “adoptar” perros o gatos o más correctamente dicho, actualmente infinidad de perros se adquieren por donación, por regalo.

Estos perros o gatos “adoptados”, donados o regalados se obtienen por medio de particulares (rescatistas se auto nombran ellos) de albergues o refugios y en algunos pocos casos, de personas morales cuyo objeto social es ese.

Lo dicho, en la actualidad una buena cantidad de perros no son comprados sino regalados, de tal suerte que en la realidad opera aquello de “A perro regalado no se le ve el colmillo…” ni los vicios, resabios o defectos.

Hay de aquel que ose “adoptar” un perro y pretender devolverlo porque presenta algún problema de salud o de comportamiento; impíos, herejes, mal nacidos, ¿cómo se atreven? Debería ser delito y de lesa majestad el pretender, pensar siquiera en devolver un perro “adoptado” por resabioso.

¿Acaso no sabía el “adoptante” que a los “rescatistas” se les debe perdonar todo? Como se dice en el argot de las canicas “Zafin, zafadas, son perdonadas…” o lo que es lo mismo se vale equivocarse, los “rescatistas” son casi semidioses, pero también se equivocan y no se les puede reprochar, menos aún reclamarles el haber entregado un perro defectuso. “Salida la mercancía, no se admite devolución” debería decir afuera de las casas de los presuntos rescatistas, de los albergues y refugios.

A la antigua, si te lo llevaste ahora te aguantas. ¿En que cabeza cabe que pretenda regresarlo? Eso no se vale.

Dispensen mi ignorancia, a mi no me terminan de quedar claros cuáles son los criterios de las personas para “adoptar” un perro. He escuchado testimonios tan sui generis, para utilizar un eufemismo, tales como: “era el más chiquito”, “era el que nadie quería”, “era el más tímido”, “era el más feo” y muchos otros más folclóricos y surrealistas.

La Madre Naturaleza se debe preguntar, como yo me lo pregunto, por qué la gente hace esas cosas, por qué la gente desafía el orden natural de las cosas y hasta al sentido común, ¿por qué?

Una de las principales tareas que se deberían llevar a cabo por los presuntos rescatistas es, justamente, evaluar el comportamiento de los perros que “rescatan”, en puridad en eso debería consistir él rescate; recoger un perro en situación de abandono o calle, evaluarlo, valorarlo y en su caso rehabilitarlo.

El común denominador es una completa falta de conocimiento y de honestidad y de integridad en la inmensa mayoría (no de todos) los pseudo rescatistas. Para ellos todos los perros son susceptibles de darse en “adopción”, lo importante es quitarse el problema de encima y dar uno, dos o los perros que se deje el buen samaritano que pretenda “adoptar”.

En honor a la verdad, lo cierto es que en la mayoría de los casos el personal y los voluntarios de los refugios o las personas que se echan a cuestas la labor de “rescatar” son personas de buen corazón, bien intencionadas pero están poco informados y poco o nada capacitados. Es una responsabilidad enorme y requiere de un diagnóstico profundo del animal. La evaluación debe ser multidisciplinaria, deberían participar etólogos, veterinarios, adiestradores caninos, voluntarios y los funcionarios del albergue o refugio.

Tal vez esta sea la razón por la que en algunos países, ojalá que en México lo hiciéramos también ya que nos encanta copiar prácticas extranjeras, se prohíbe que particulares se hagan cargo de “rescatar” perros y gatos, solo se permite que lo hagan organizaciones legalmente constituidas que cuentan con los recursos, conocimientos y experiencia para hacerlo.

Dice el refrán que “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre” tal vez ahí radique el secreto: “no tiene la culpa el pseudo rescatista, sino el que va y adquiere un perro con la persona y el lugar equivocados”.

Ya sea que compre o que adopte, hágalo con personas serias, conocedoras y responsables. De lo contrario estará comprando o adoptando no un perro sino un problema.

Amable lector, agradecido con usted siempre por su tiempo y el favor de su lectura. Siga cuidándose, si se cuida usted, nos cuidamos todos. Gracias.



//FECHA DE PUBLICACIÓN: 09/02/2021 

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