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COLUMNISTAS

Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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LOS ÚLTIMOS ZARES

En época de cuarentena voy a recomendarles la excelente serie que lleva por título esta columna. Los últimos zares, original de Netflix, es una producción de seis capítulos que retrata el turbulento reinado de Nicolás II, el último gobernante de la dinastía Romanov.

Nicolás asciende al trono con tan solo 26 años tras la muerte súbita de su padre Alejandro III. El heredero se siente inseguro e incapaz de dirigir un imperio de semejantes dimensiones, pero se apoya en consejeros y familiares. No por nada, los Romanov llevan 300 años gobernando Rusia.

Pero poco a poco, las decisiones del zar van causando estragos en todo el territorio. Se trata de un hombre dubitativo, pusilánime y muy fácil de manipular por su esposa Alexandra. Nicolás II vive en una especie de burbuja que le impide conocer el verdadero sentimiento y las carencias de su pueblo. Está seguro que entre el zar y la gente hay un lazo sagrado indisoluble que jamás se romperá y con base en ello toma determinaciones bélicas que provocan una auténtica catástrofe que va cimentando su trágico final.

Luego de concebir cuatro hijas y desesperado por tener un hijo varón que herede el trono, recurre a los oficios de Rasputín, un personaje interesantísimo, monje, brujo, sacerdote, místico, mujeriego. Alexandra se embaraza por quinta ocasión y finalmente nace un hombre que eventualmente reinará en el imperio, pero al poco tiempo le es diagnosticada hemofilia y los médicos no le auguran mucho tiempo de vida. Recurren de nuevo a Rasputín, quien logra tranquilizar al pequeño y controla las hemorragias. La influencia del monje en el gobierno es cada vez mayor y mientras pierden una guerra con Japón, reprimen al pueblo a balazos, el zar se niega a dar la cara y estalla La Primera Guerra Mundial, el sentimiento para con la familia imperial es cada vez más adverso.

Las deserciones en el ejército se cuentan por miles, hay revolucionarios que orquestan tentados terroristas para desestabilizar al gobierno y las huelgas en las fábricas se multiplican. Nicolás no comprende que Rusia vive un momento distinto, que el tiempo de las autarquías está desmoronándose. No escucha consejos, se encierra, se obceca y se hunde. Rasputín es asesinado por miembros de la alta sociedad rusa con influencias en el gobierno, Nicolás ha perdido todo y finalmente abdica al trono. Él y su familia son llevados a una casona en Ekaterimburgo y poco tiempo después asesinados a sangre fría en el sótano.

La serie se enriquece con los comentarios de biógrafos y académicos estudiosos del tema.

Me llama la atención que como varios personajes de la historia y con independencia de sus yerros, Nicolás II fue incapaz de comprender el momento que le tocó vivir y quiso aplicar métodos que habían quedado en el pasado, que ya no iban a funcionar.

Al conocer la historia, uno no puede dejar de compadecerse por Nicolás y su familia, pero es una verdad innegable que él mismo propició todo.


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