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Héctor Gómez de la Cortina

SALVO SU MEJOR OPINION

@gomez_cortina
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TRINCHERA CIUDADANA.


DE LA CONSUMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA

Un 27 de septiembre de 1821 el llamado Ejército Trigarante ingresó a la Ciudad de México para dar por concluida la guerra por la independencia que había durado once largos años.

A la cabeza del Ejército se encuentra Agustín de Iturbide, un militar realista que combatió con brío a los insurgentes. Fue Iturbide quien le puso fin en el Bajío a Albino García y a su hermano. En Salvatierra, el Puente de Batanes fue testigo mudo de una sangrienta batalla en la que cientos de insurgentes fueron aniquilados por Iturbide. El propio Hidalgo había tratado de sumarlo para la causa, pero Iturbide se negó, argumentando que se trataba de un movimiento desorganizado y salvaje.

La otra figura era el rebelde Vicente Guerrero, uno de los últimos insurgentes, que días atrás en el famoso “Abrazo de Acatempan” había firmado la paz y acordado la emancipación de España. Por fin realistas e insurgentes coincidían en que era necesaria la independencia y no tenía caso seguir luchando.

Para el naciente país habría de venir una terrible etapa de inestabilidad social y política por las pugnas de los partidos liberal y conservador. Los primeros querían arrancar de raíz la tradición colonial y fundar una nueva nación con valores muy similares a los de Estados Unidos, su modelo a seguir. Los conservadores pretendían rescatar el legado colonial, del cual los ciudadanos debían sentirse orgullosos, además de que dejarían intactas las dos instituciones más importantes de la Colonia: el clero y el ejército.

Se trataba pues de dos visiones muy distintas de país y por supuesto que dichas diferencias se vieron reflejadas en el modo en el que concebían la historia patria. Los conservadores celebraban a Iturbide, los liberales a Hidalgo. Durante décadas se mantuvo la pugna hasta que los liberales vencieron en definitiva y construyeron la historia que hoy conocemos, con los héroes y los villanos que desde primaria nos inculcan.

Confieso que la figura de Iturbide no es de mi total agrado, aunque reconozco que me hace falta mayor documentación al respecto. Creo que Iturbide fue un oportunista que aprovechó la coyuntura. A la élite novohispana ya no le convenía seguir siendo una colonia de España pues allá el rey Fernando VII había jurado de nueva cuenta la constitución de Cádiz, de corte liberal y dañina para los intereses del clero y del ejército.

Iturbide fue el instrumento perfecto. Guerrero no significaba mayor problema para Nueva España, pero había que incluirlo en aras de la unidad nacional.

Dicho lo anterior, no demerito el acuerdo sofisticado que generó la consumación de la independencia, en donde no hubo un sólo balazo y el campo de batalla fue sustituido por la arena de la negociación política.

En México está bien que festejemos el inicio de la insurgencia, pero la fecha de la consumación merece un lugar especial y no pasar desapercibida como hasta ahora.

Twitter: @gomez_cortina

hgomezdelacortina@hotmail.com

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