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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Fantasías animadas (y censuradas) de ayer y hoy

Hace unas semanas se suscitó la polémica de que Pepe le pew, el personaje de Warner Bros, debía desaparecer de la faz de las caricaturas debido a que palabras más, palabras menos, normaliza la cultura de la violación al acosar el zorrillo -casi siempre bateado y arañado-, a Penélope pussycat, según expuso el columnista del New York Times Charles M. Blow.

Las incendiarias redes sociales se llenaron de peticiones a favor y en contra, en las que de pilón solicitaban la cancelación de Miss piggy por atosigar al batracio Kermit y a La Bruja del 71 por ídem causa con Don Ramón – dicho sea de paso, Angelines Fernández, la actriz española que la personificaba, en su juventud fue combatiente fusil en manos, a favor de la República en la Guerra Civil de su país, dato que me compartió una entrañable persona-. Es verdad que son personajes que se mostraban por demás incisivos en sus pretensiones amorosas, pero también es cierto que en cuando fueron creados y en su auge, no existían las connotaciones actuales, digamos que eran otros ojos y no los actuales quienes las veían.

En el caso del zorrillo galo, si alguien debía pedir su cancelación sería la población francesa por el estereotipo, lo cual no han solicitado. Mencionar que esta caricatura tiene más de cincuenta años y surge la interrogante que sea mala influencia para las generaciones nacidas de los dos miles a la fecha, ya que dudo vayan a sacar las cintas VHS de sus padres o abuelos y menos usarán YouTube para ver las aventuras del metífido galán, ya que los infantes prefieren ver tutoriales de Pastelitos, jugar en línea Roblox o ver a Los Compas. Pero esto de la censura caricaturesca a Warner y otras producciones no es tema nuevo, todo lo contrario.

Cuando surge Looney Tunes hace noventa años, la mayoría de las animaciones iban dirigidas al público adulto, por eso fueron creadas irónicas y violentas; la antítesis a los personajes de Disney, que eran en apariencia digeribles para todo público y con moraleja, no así la irreverencia de sus contrapartes. Si la productora del castillo tenía a las Silly Symphonies, Warner creo Merrie Melodies (ignoro porque el nombre en Latinoamérica de Fantasías animadas de ayer y hoy y si lo saben, hágamelo saber de favor) con la infinidad de personajes tan conocidos, incluyendo a Pepe le pew y que en sus animaciones abordaban temas raciales, clasistas, consumo de alcohol, entre varias situaciones no tan digeribles, de las cuales muchas fueron censuradas años después.

Parte de los capítulos vetados, fueron producidos en un periodo por demás escabroso  cuando el gobierno estadounidense y compañías como General Motors, financiaron propagandas afines al capitalismo en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial y posteriormente en la Guerra Fría, usando de vehículo las caricaturas para satirizar a sus rivales japoneses, a Hitler y mostrar diversos pasajes bélicos, situación que emularon Tom and Jerry y Woody Woodpecker y que algunos episodios siguen vigentes por su tono patriotero. Disney también fue participe de ello, además de buscar reafirmar la alianza del Tío Sam con sus aliados, como lo demuestra la cinta Los tres caballeros (Norman, 1944) y congraciarse con Brasil y México, baluartes en su economía.

En lo que concierne a nuestro país, el caso más sonado de censura fue el de Speedy González con sus acompañantes Rosita, Lento Rodríguez y demás roedores, con campañas aún vigentes que pretenden no se transmitan al estereotipar a los mexicanos. La cancelación ocurrió por tres años, pero fue revertida debido a que la comunidad hispana en Estados Unidos lo consideraba un ícono y no una ofensa. Es cierto que rara vez decimos ¡ándale! y no vestimos el resto de la población con sombrero y ropa blanca simulando manta, pero es una caricatura sin vigencia, que no nos define como mexicanos y considero, solo es aguantar un poco de carrilla de la mucha que nosotros echamos a los vecinos del norte u otros países.

La censura no es exclusiva de unos cuantos. Donald Duck está prohibido en Finlandia por aparecer desnudo de la cintura para abajo y por eso lo consideran una amenaza a los valores familiares. Peppa Pig no tiene cabida en Australia debido a la relación amigable que tiene con los insectos, muchos venenosos y la prohibición es para evitar que los niños se relacionen con ellos. Otro de los muchos ejemplos es Pokemón y sus censuras por el exceso de violencia, además de una escena que se mencionó, causaba convulsiones a los niños. A saber.

Las censuras en las caricaturas obedecen mucho a los lugares donde se transmiten y hay situaciones que podríamos considerarlas absurdas, pero no para quienes las vetan debido a la cultura de cada país. Si tenemos pequeñines a nuestro cargo, no podemos vigilarlos las veinticuatro horas y supervisar lo que ven en las plataformas electrónicas, ya que no faltará el chamaco malora que comparta información o animaciones inapropiadas para la edad y peor, que algún adulto se inmiscuya en este grupo vulnerable, pero si depende de cada uno asumir responsabilidades en su formación.

Tema sensible las censuras en las caricaturas, apliquemos por difícil que parezca la objetividad e imparcialidad, de lo contrario nos quedaríamos sin Pepe carioca que fuma como chacuaco y lo acusaran de fomentar el tabaquismo, al igual que a The pink panther. Tampoco veríamos la alcoholizada hasta las patitas que se pone  Dumbo, con alucines incluidos o la manera de abordar la muerte en las animaciones, como ocurrió en la literal arrastrada que le ponen a Mufasa en The lion king  y a la progenitora del cervatillo Bambi, que a más de dos infantes dejaron traumados y así podríamos seguirnos para quedarnos solo con We bare bears y Paw patrol, antes que le encuentren detalles y me los censuren.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidas al correo

ademasdehistoriaycine@gmail.com 



Fecha de publicación: 11/04/2021

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