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Daniel Hernández Hernández

Además de historia y cine...

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Además de Historia y Cine...



Cine Permanencia Voluntaria en Celaya (II)


En nuestra primera entrega y continuando con la permanencia voluntaria, vimos de manera general sobre la historia de los cines en Celaya hasta entrada la década de los ochenta. Culminamos la segunda función sobre el tema.

Los espacios para proyectar películas en la ciudad, se abrieron a más lugares ante su auge económico, provocado en gran medida por la industrialización y con ello su crecimiento demográfico; nuevas colonias, nuevos complejos de esparcimiento y con ello novedosas salas, dejando a un lado la estética y majestuosidad de las  de antaño, es decir: centros para no más de 300 personas, asientos cómodos, mejor calidad de audio VS palacios deteriorados, con poco o nulo mantenimiento, asientos con rechinido gratuito y fauna de la llamada nociva.

El espectador se encontró entonces, con cines que en nada se diferenciaban de una cartelera a otra, de un centro comercial  a otro, de una ciudad a otra. En cambio los nuevos cinéfilos crecieron y crecen con el modelo múltiplex que dicta todo  en un solo lugar.

Celaya adoptó en el primer lustro de los ochenta Plaza las Américas, en la colonia Jardines. Esta contaba en sus instalaciones con la desaparecida tienda Gigante, hoy Soriana y los primeros cinemas gemelos en la región, propiedad de la entonces ya exitosa Organización Ramírez. Esta  plaza en la actualidad, se resiste a desaparecer o renovarse y precisamente el hoy Cinépolis, es quien mucho la sostiene. 

Casi paralela en el tiempo, se erigió Plaza Dorada, con mayor espacio, mejor decoración, pero estratégicamente mal ubicada. Nunca se ocuparon todos sus locales y sus mejores cartas en la apertura fueron la tienda Comercial mexicana y el Cinema Galerías, aún funcionando intermitentemente como cine para adultos.

Si la tendencia era la proyección de películas venidas en su mayoría de Hollywood, una pequeña excepción  fue la sala de arte Juventino Rosas, con sede en la calle Guanajuato. Un sitio idóneo en audio, diseño, amplio lobby y dulcería, hizo que sobresaliera de sus contemporáneos. Si bien se proyectaban películas del vecino país, también se disfrutaban en sus asientos de producciones europeas. Este lugar se reabrió recién con el nombre sala de arte MVI Celaya,  Ministerios Visión Internacional,  un grupo cristiano.

Otro cine que se inauguró en la década de los ochenta, fue el Plata, ubicado en la calle Albino García. Espacio austero, pero funcional y cuya cartelera se basaba en no pocas ocasiones en reestrenos.

Y entonces la oferta fue amplia por una década aproximadamente. No así la demanda. La decadencia de los cines Colonial, Celaya, Dorado 70, Las Américas, Encanto y los de recién apertura, Plata, Juventino Rosas y Galerías  se debió como en casi todo el país,  al desplazamiento que provocaron los nuevos formatos en centros comerciales y al hecho de pertenecer a una paraestatal, la Compañía Operadora de Teatros Sociedad Anónima (COTSA), grupo inmerso en huelgas y  malos manejos monetarios y optando como mejor solución, el cierre y posteriormente el remate de estos sitios, ya que no eran redituables como negocio y la restauración en la mayoría de los casos, no era viable.

La privatización de dependencias gubernamentales, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988 – 1994) como el caso Telmex, instituciones bancarias y la que nos atañe, COTSA, significó que particulares, como Grupo Salinas compraran varios recintos para convertirlos en tiendas Elektra y otros negocios. El Grupo Comercial Control, hizo lo mismo y sus adquisiciones se transformaron en Tiendas del Sol, por citar algunos ejemplos.

 Pero tendrían algunos de estos recintos una singular despedida cuando ya no funcionaron para lo que fueron creados. En desuso, el telón y escenario del cine Colonial recibió al Tri, el de Alejandro Lora. Lo mismo sucedió en el cinema Galerías, donde el respetable recibía la descarga auditiva de Transmetal e igual suerte en el Juventino Rosas, recibiendo a grupos metaleros mexicanos, como Inquisidor. Los pasillos una vez silenciosos, se convirtieron en pistas para el desfogue musicorockero de jóvenes y otros no tanto.

Como colofón a esta decadencia, contribuyó la propagación de disfrutar el cine en casa a través de videocaseteras y el auge que significó con las innovaciones tecnológicas en televisores y equipos de sonido. Lo atractivo y lucrativo era la renta y venta de películas en los, paradójicamente también desaparecidos, Video Centro, Blockbuster, entre otros.

            Ya en la década de los noventa, se inauguraron los Cinemas Gemelos en la plaza Galerías Tecnológico, hoy también cerrados. La ciudad estaba en la víspera de recibir  los multiplex, los primeros inaugurados en  1994 y que Celaya albergó tiempo después en los cinepólis de Parque Celaya y más reciente en Galerías Celaya.

 Se dice que la ley del más fuerte es la que persiste y quizás una prueba de ello es la cadena Metrópolis, cuyas siete salas ubicadas en el Centro Comercial de Camino a Jofre, buscaba ser una alternativa económica de los multiplex mencionados. Su paso fue rápido, efímero. El edificio aun es perceptible, franqueado por comercios también en franco olvido.

Las elecciones para ver películas se han extendido y prueba de ello son las páginas de contenido multimedia, los cada vez más anacrónicos DVD y Bluray y  las pantallas cinematográficas, que al parecer les auguramos larga existencia. Así que, el lector y cinéfilo elija el formato de su preferencia, con el deseo  que continúe el cine permanencia voluntaria.

Sus comentarios y sugerencias son bienvenidos.


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03/04/2019 08:12:22

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