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Rayo Esmeralda Patiño

Celaya Internacional

@RayoEsmeralda
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Celaya Internacional.



PORFIRIO DÍAZ, UN HOMBRE DE SU TIEMPO


 

 

Miahuatlan, Oaxaca, México, 15 de Septiembre de 1830, nace Porfirio Díaz Mori, quien en 1876 se convirtió en Presidente de México, cargo que ocupó en 7 ocasiones la Constitución de 1857 permitía la reelección aunque no continua, esto también sería aprovechado en su tiempo por propio Benito Juárez, quien no pudo continuar su última reelección debido a su repentina muerte por enfermedad, (Juárez ocupó el cargo 5 veces).

 

La imagen de Don Porfirio, aún hoy en día, genera rechazo y admiración, amor u odio, pero nadie que conozca la historia básica de México, puede permanecer indiferente a la poderosa imagen del caudillo oaxaqueño, y es que es uno de los personajes del México del siglo XIX y XX más lleno de claroscuros; el gran caudillo del 2 de Abril que encabezó la entrada triunfal a Puebla antes de la Batalla del 5 de Mayo, el “malinchista” que permitió la entrada de inversiones extranjeras, europeas principalmente, a quien el ajuste de la historia le daría el papel de tirano desconociendo su enorme contribución al desarrollo del país.

 

Intentaré en pocas líneas explicar, a Porfirio el hombre y no al General Díaz. Porfirio quedó huérfano de padre antes de cumplir los 4 años, por lo que fue su madre una figura central en su vida y educación, como sucedía en aquella época,  al ser su madre una mujer devota, Porfirio ingresa al seminario para prepararse como sacerdote, actividad que abandona luego de escuchar un discurso dado por Benito Juárez, las palabras de éste le impactan de tal forma que deja el seminario y decide estudiar Leyes, sin embargo abandonaría los estudios más tarde, para unirse a la lucha encabezada por Antonio López de Santa Anna; la Revolución de Ayutla, las buenas tácticas y pequeños logros van forjando al militar que más tarde lograría el grado máximo, el General y Presidente de la República.

 

A diferencia de sus antecesores, Benito Juárez García y Sebastián Lerdo de Tejada, Porfirio tuvo un sutil acercamiento con el clero, porque cuando fue gobernador de Oaxaca, necesitó del permiso eclesiástico para casarse con su sobrina, Delfina Ortega Díaz, quien fallecería en 1880, ya viudo conoce a la hija del político Manuel Romero Rubio, la joven Carmen de 17 años de edad, quien sería la profesora de inglés y francés del Presidente que ya contaba con 51 años, ambos se enamoran y contraen matrimonio. En el siglo XIX, obviamente no había hospitales, y los centros Dispensarios Médicos no atendían a parturientas, así que todos los nacimientos eran en las propias casas atendidos en el mejor de los casos por parteras, y en la mayoría de los casos, en condiciones insalubres, en esa época, las mujeres sí morían de parto, era la época de muchos embarazos y pocos hijos, ese sería el funesto fin de Delfina Ortega, 6 embarazos de los cuáles solo dos hijos llegaron a edad adulta, Luz y Porfirito,  Doña Carmelita entonces, fue quien ocupo el lugar de madre de los hijos de Porfirio y Delfina, la situación es importante porque el tema de salud sería uno de los principales puntos en el Porfiriato.

 

 

Doña Carmelita, era una criolla, una joven muy bien educada, hablaba dos idiomas y tocaba el piano, con modales refinados fue quien finalmente da forma a la cultura del Porfiriato y el eje de la filantropía de México, pienso que la última esposa de Don Porfirio merece un artículo a parte.

 

Ahora bien, un vistazo a lo largo y ancho de México es suficiente para ver lo que en su época creo Porfirio Díaz, más de 19 mil kilómetros de líneas férreas, que lograron por fin conectar al país, la atracción de grandes capitales extranjeros trajo consigo el embellecimiento de muchas ciudades, debido a que se construyeron puertos y se desarrollo la industria, esto gracias también a la introducción de la luz eléctrica que favoreció las operaciones en las minas, las compañías henequeneras, las tabacaleras, y sobretodo, busco fortalecer las relaciones exteriores del país afianzando los lazos con Europa y Japón, de esta forma hacía contrapeso a la influencia estadounidense.

 

Casi a finales del siglo XIX (1887) la tercera parte de los niños mexicanos carecían de educación primaria, los profesores estaban sumidos en un circulo de pobreza e ignorancia porque 50 años de conflictos internos y guerras con el exterior habían dejado al país en un enorme atraso, se busco fomentar la identidad Nacional, un aspecto que ni el mismo Juárez había logrado, Díaz tenia muy claro que era necesario fomentar la historia patria y reconocer el pasado común, así que apoyándose en Escuela Normal de Profesores de la Capital y la Normal de Jalapa, a partir de 1897 comenzaron a expandirse las escuelas Normalistas en todo el territorio nacional, un gran pilar sería Justo Sierra, el principal defensor de la Educación, quien en 1905 se pondría al frente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, sería él quien entonces haría una amalgama entre sus ideales y los del propio Díaz, para fomentar el desarrollo del país a través del positivismo liberal.

 

Una de las frases más conocidas de Porfirio Díaz fue “Poca Política y Mucha Administración”, beneficiosa al principio, sería finalmente, lo que socavaría su futuro político, su ambición a mantenerse en el poder lo cegaron de la nueva realidad mexicana, su enfermiza necesidad de controlar todo, desde el Legislativo hasta la Suprema Corte, pasando por los gobernadores e incluso algunos cargos municipales, los periódicos eran muy condescendientes, siempre aplaudiendo y alabando al Presidente, nadie se atrevía a cuestionarlo, ese aspecto dictatorial sería su ruina política.

 

El “hubiera” no existe, sin embargo podríamos pensar que si Díaz no “hubiera” permanecido tanto tiempo en el poder, de hecho si aún en 1908 “hubiera” permitido el cambio en el gobierno, su papel en la historia seria otro, las huelgas en Cananea (1906) y Río Blanco (1907) que terminaron en sangrientas represiones, así como las ideas que circulaban a través del Diario Regeneración de Ricardo Flores Magón, fueron la pólvora que alimentaría a la Revolución de 1910, sin embargo, la mecha la encendió el rompimiento a su promesa de no presentarse a la reelección.

 

Es innegable, el enorme y favorable papel que jugo en la historia del país, Porfirio Díaz dio un lugar a México en el mundo, en 1895 por primera vez México presentaba un excedente en las finanzas del país, dio respeto a la Nación, reinstituyó el Himno Nacional compuesto por Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó, fomentó el crecimiento de las ciudades en todo el país, pero poco a poco fue olvidando que los años pasaban para él y para aquellos que los acompañaban, que nuevas generaciones preparadas en la época porfiriana, tenían ya otra visión del mundo y que no podían cegarse ante la realidad mexicana, la enorme desigualdad social y la riqueza distribuida en pocas manos, Porfirio Díaz era el hombre que México necesitaba en el siglo XIX, pero no en el siglo XX.

 

Viejo y cansado, y en plena convulsión nacional,  el 25 de mayo de 1911 presenta su renuncia ante Congreso, y se autoexilia, a bordo del buque Ipiranga, zarpa hacia Francia, donde pasaría los últimos años de su vida, ahí se negaría a tener exagerada vida social, pero asistía a misa, cabalgar y caminar por las mañanas por los jardines frente a su casa, a pensar en los aciertos y desaciertos de su vida política, en su amado México, y ahí mismo diría una y otra vez, Me siento herido. Una parte del país se alzó en armas para derribarme, y la otra se cruzó de brazos para verme caer. Las dos me eran deudoras de una porción de cosas”.

 

Durante su exilio fue recibido con honores de Estado por el rey de España Alfonso XIII, en Alemania por el Káiser Guillermo II y en Egipto por el gobernador Lord Kitchener, durante su viaje se entero del asesinato de Madero, hecho que lamento, nunca dejo de leer noticias sobre México, y siempre manifestó su deseo de volver a su tierra.

 

En 1915, muere y el gobierno francés le hace un homenaje fúnebre de Estado, es sepultado primeramente en la Iglesia de Saint Honoré d’Eylau y luego en 1921 la familia decide trasladar los restos al Cementerio de Montparnasse pensando que seria una morada provisional y se ha convertido en una permanente, su tumba es elegante y sobria, desde siempre es cuidada por su familia, solo su nombre puede leerse y como adorno se encuentra una pequeña bandera de México, cada semana la tumba tiene flores dejadas por parte de mexicanos que visitan al oaxaqueño que dicho por sus descendientes, “Díaz amó más a México que a su propia familia”, el general no fue bueno ni malo, fue quien aprendió a gobernar a pan y palo, fue quien fomento el nacionalismo, cosa que ni Juárez logró consolidar, Porfirio fue solamente un hombre de su tiempo.

 

 

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Por: Rayo Esmeralda Patiño

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19/09/2019 12:03:55

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